Reseña: Todos contra todos y cada uno contra sí mismo – Bob Chow (La Bestia Equilátera, 2016)

Entre los finalistas de la primera edición del Premio La Bestia Equilátera de Novela, el título de la obra de Bob Chow era, lejos, el de más punch. No sorprendió que sea el ganador.

La gran duda que tuve en estos meses que pasaron entre la proclama y la edición, era si esta vez sí iba a manejar las inestabilidades sin perder los brillos de desconcierto de sus novelas anteriores (hablo de las de Nudista, no leí la editada por Marciana).

Todos contra todos:

La trama se sitúa en Samaipata, un lugar de Bolivia que se describe lluvioso, con ruinas incas y bosques. Verde, gris y marrón como arco cromático. Los protagonistas son una bióloga alemana que se llama Cordelia y un ingeniero informático que se llama Orlog. Hay una corporación, Quartech, que por momentos parece que va a ser Pynchoniana pero termina siendo Googliana.

Hay otros: un alemán diplomático que manda cartas después de muerto, un amigo hacker omnisciente, un niño que juega al Minecraft y un simpático coro de lugareños con nombres divertidos (Hinosencio, Armstrong Amundsen).

Como en las novelas de Pynchon, el narrador es una voz que tira hipervínculos a cada rato. La fragmentación juega con la tendencia a armar sentido del lector. Un poco lo boludea: cuando parece que se ensambla algo, aparece una ficha que molesta.

Hay dos formas básicas de leer una novela pynchoniana: 1) obsesivamente: se anota, se investiga, se edifica toda la parte que no se dice. 2) atención flotante: las páginas pasan, los personajes se mueven, el narrador namedroppea y uno confía en que su cabeza hace la selección de lo importante, o al menos, se engancha con alguna de las múltiples líneas.

La segunda opción es mi preferida. Odio al fan “estudioso”, aspergiloide.  

Corporaciones que investigan compuestos químicos en plantas no catalogadas, virus informáticos y la distopía de la máquina siendo el lobo del hombre. No puede fallar.  Y la primera parte de la novela no falla. La presentación de cada subtrama es interesante y dan ganas de seguir.

Ya en el caprichoso territorio de las preferencias, no me seduce la literatura sialorreica de hombres pavlovianos “cautivados” por personajes femeninos “perfectos” y “bellos”. Acá aparece bastante con respecto a Cordelia. Hay olor a mito y una posible interpretación por el lado de El Hombre de Arena de Hoffman.

 

Cada uno contra sí mismo:

¿Qué necesidad lleva a Bob Chow a romper la extrañeza (extranjeridad) que viene construyendo con astucia metiendo la inexplicable cita a Nisman (una vez más)? ¿Qué sentido tiene que de la chakana, ese agujero misterioso que obsesiona a los protagonistas, se salte al fiscal? Y peor: en “El águila ha llegado” Nisman molestaba desde el nombre de una calle. Acá, primero zumba como altar en la calle pero después reaparece peor, cual gato de cementerio de animales, bajo la forma de una hipótesis sobre la muerte (!!). Hipótesis que encima es (no hay forma de que no lo sea)  ocurrencias quemadas de taxista en su decimoquinta hora de trabajo.

Nisman rompe todo. Prende la luz del cine.

Quizás todo no, quizás sea exagerado, porque las partes de la novela Nisman free siguen prometiendo. Pero bueno.

Dejando de lado esa kriptonita, está también la cuestión de la concepción total del universo, va bien, pero al final se queda un poco sin nafta. Muchas ideas que en la primera parte parecía iban a crecer y desarrollarse, se quedan en bocetos nomás. Es la época, claro. La curiosidad se satisface con un par de links, wikipedia y tres o cuatro fotos, pero una novela pynchoniana crece cuando bajo la forma del link choto se esconde el enciclopedismo delirante.

Ahora, ¿qué pasa si Bob Chow no quiso hacer una novela pynchoniana? ¿Qué si solo se está sacando de encima novelas ligeras, con fallas devenidas de la calentura del momento y eso termine siendo un valor estético dentro de veinte años? Nunca se saben los laberintos de la resignificación. El escenario que arma es muy bueno. Después, bueno, qué importa del después.

En la contratapa dicen no se qué sarasa anacrónica de “literatura psicodélica del siglo xxi”.

Por lo pronto, ahora, “Todos contra todos y cada uno contra sí mismo” es una novela de aventuras más obsesiva que histérica y por eso procastina el pulp que estaba servido.

Puntaje dentro de la obra de Bob Chow: 8

Puntaje dentro del género “Novelas que ganan un concurso”: 8

Puntaje “quiero leer un autor contemporáneo que no me cuente su vida de durlock, porcelanato y polvos tristes”: 9

Puntaje “me encapriché con lo de Nisman y lo voy a hacer mi marca de autor”:9

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