Una semana en el motor de un autobús – Nando Cruz (Lengua de trapo, 2011)

 

1 Un amigo de mi hermano (amigo mío de facebook) me pasó este libro que cuenta “la historia del disco que casi acaba con Los Planetas”. Acepté el ofrecimiento del préstamo un poco marcado por una adolescencia triste en donde los libros sobre música eran un rejunte de letras y fotos de prensa. A veces había una breve biografía que seguía todos los lugares comunes del género (básicamente hablar de exitosos y fracasados utilizando los discos vendidos como parámetro, o peor: la altura del artista según el grado de lumpenaje que militó). En ese desierto, los libros de Cervera sobre Lou Reed o los Clash aportaban lo que hoy aparece en el primer scrolleo de wikipedia pero que entre médanos de ideas, aportaba los chismes que alimentaba horas de conversación adolescente.

2 Los periodistas de rock (perdonen que hable de esto si están comiendo) encontraron la forma de prestigiarse un título por escuchar discos y copiar gacetillas. Hoy, rodeados de periodistas deportivos, parecen tener un valor. Pero no. Dos crisis los arrasaron. Ya no sirve saberse de memoria la discografia de Zappa ni el nombre del bajista de la formación de Tangerine Dream en 1972 (supongo que en 1972 Tangerine Dream existía…¿tenían bajista?  no importa). Cuando vieron caer el valor del saber Asperger, algunos vivos se refugiaron en el siempre ahumado campo de los Estudios Culturales. Ahí, los más filosos se burlaban de aquel pobre recapitulador de discografias y lugares comunes, abrazando los lugares igual de comunes del deleuzismo, cuando no de algún lacanismo for dummies. Esa segunda generación de periodistas sobreeducados también cayó. A ellos los mató internet,  la posibilidad de escuchar los discos raros. Aquel que hablaba de la banda ignota yugoslava que sonaba así y asá y que marcaba una orientación rizomática en su devenir potlachiano de su arte, se vió desnudo ante la chance cierta de encontrar ese disco maldito y poner en evidencia que el rizomático potlachiano era un yugoslavo queriendo sonar como U2.

3 El libro de Nando Cruz fue editado por la extinta editorial Lengua de Trapo (la que editó a Askildsen, el noruego más uruguayo). El prólogo se lo encargaron a Julieta Venegas a la que absolutamente todos los colectivos la dejan en la puerta de su casa. Ni lo leí, obvio.

4 Las primeras páginas del libro hablan de las adicciones de los músicos, de cómo uno era más drogón que los demás y que la vez que viajaron a no sé donde por “una gran oportunidad para su carrera” resultó que casi se separan (y acá viene la parte en que se espera que el lector, que se supone que es un fan, o sea, un idiota temeroso de que su mundito de consumos culturales desaparezca, grita “uy, ¡qué cerca estuve de no tener algo con qué identificarme! Menos mal que siguieron juntos!”).

Va una muestra del tono documental televisivo del libro:

“Cuando Florent bajó del avión, no recordaba nada de aquel viaje. No sabía si estaba en Cuenca o si venía de Palermo. Estaba en el Aeropuerto de Barajas y esperaba la conexión con el vuelo que lo llevaría a Granada, pero todo lo que había ocurrido en las veinticuatro horas anteriores era para él una completa nebulosa. Y de eso se quejaba precisamente J. J lo acusaba de haberlo engañado, de estar engañando a todos los del grupo , de estar jugando con su vida, de estar poniendo en peligro la continuidad de Los Planetas (…)”

Ni siquiera nombran a la heroína. El autor es una señora hablando de “eso” (“la droga”).

5 Una semana en el motor de un autobús no es el mejor disco de Los Planetas. Su hit, Segundo Premio, es un robo obsceno a una canción de Etienne Daho (sin embargo hay que decir que un andaluz robando a un francés es algo que está bien).  Los Planetas son unos gitanos que usaron la música con la misma dinámica de engaño con la que su pueblo pone  un concesionaria de autos usados. Más se busca, más plagios se encuentran. A lo último, ya ni los niegan, porque la posmodernidad les regaló el contexto de la cita.

Cuando me aburrí del tono amarillo pacato, busqué el capítulo que hablara de Segundo Premio y Promesses, la canción de Daho. Ahí me entero de que la letra también es robada. Robó un poquito de Pale Saints (”esperando una señal tuya/esperando un síntoma de cambio/ ¿Has olvidado lo que tu amor podía hacer?”). Pero además el estribillo lo copian de Magnetic Fields (Smoke Signals). Bueno, pero ¿cual es el análisis que hace el autor del libro de estas cuestiones? ¿Habla del valor de patchwork? ¿Dice que J es un artista pop que decreta la muerte de la modernidad? ¿Establece como hipótsesis que Segundo Premio es una canción que demuestra que nadie es dueño del arte (a pesar de que en los créditos figure como autor sólo J)? ¿Es la canción una denuncia? ¿Una intervención?

El autor del libro dice:

“(…) Tampoco The Magnetic Fields era, en 1997, un grupo conocido. J sabía rebuscar entre sus discos. Y tenía muchísimos. Además, cuantas más pruebas de plagio se descubren en ‘Segundo Premio’, más crece su impacto. Es una composición arrolladora e indestructible”.

6 Prefirió elogiar la cantidad de discos que tenía J. Y que robaba a artistas aún no consagrados. Y que cuanto más se acusa, más fuerte se hace. Un fan. No seguí leyendo ¿Para qué?

 

Puntajes libro de música escrito por un fan obsecuente y sin vuelo que hace ver a los agentes de propaganada de Kim Jong-un como críticos mordaces: 7

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